La popularización de las plumas a base de semaglutida, tirzepatida y fármacos equivalentes, recomendadas para el tratamiento de la diabetes y la obesidad, ha supuesto grandes avances en la lucha contra estos problemas. El fenómeno, sin embargo, ha causado otro impacto, éste no tan positivo: el adelgazamiento excesivo del rostro.
Estos fármacos, que son muy eficaces para controlar los niveles de glucosa en sangre, reducir el apetito y aumentar la sensación de saciedad, suelen hacer perder peso muy rápidamente. Durante su uso, la cara, al igual que el cuerpo, pierde grasa a un ritmo acelerado. También se produce una disminución de la masa muscular, que afecta por igual al cuerpo y a la cara. ¿Cuál es el resultado? La pérdida de volumen de estos tejidos compromete el sostén de la piel y los ligamentos, lo que provoca un adelgazamiento y una flacidez pronunciados.
¿Cómo se puede conseguir el resultado esperado -controlar la diabetes y la obesidad- y al mismo tiempo no traer consigo una cara hundida, un efecto secundario conocido popularmente como Ozempic Face? Es posible, pero hay que seguir un cuidadoso protocolo.
Control continuo desde el principio: el escenario ideal
La prevención, como en muchas otras circunstancias, es el mejor enfoque para evitar Ozempic Face. Como ya sabemos lo que suelen provocar las plumas de semaglutida y tirzepatida -pérdida de grasa, pérdida de masa magra, reducción del grosor de la piel, flacidez-, lo correcto es realizar un seguimiento profesional y planificar los procedimientos estéticos desde el inicio del tratamiento contra la diabetes y la obesidad. Las etapas deben seguirse en paralelo con la progresión de la pérdida de peso.
Para empezar, los bioestimuladores de colágeno pueden ser muy útiles. Al favorecer la síntesis de esta fibra responsable de la densidad de la dermis, contribuyen a que la piel esté más firme y, al mismo tiempo, más resplandeciente. En otras palabras, el aspecto general es más saludable y hay menos signos de flacidez. Se pueden recomendar aplicaciones complementarias a posteriori.
El siguiente paso, que tiene lugar cuando el adelgazamiento general empieza a ser un poco más evidente -el rostro ya se ha adelgazado un poco, pero no mucho-, es utilizar rellenos a base de ácido hialurónico. Inyectados en zonas estratégicas, como los laterales del rostro y los pómulos, garantizan más soporte y volumen. La gran ventaja de adoptar la técnica en esta fase temprana es que las intervenciones son sutiles. El resultado, una vez más, es el mantenimiento de un aspecto más armonioso y descansado.
Por otra parte, las tecnologías deben utilizarse con precaución durante la pérdida de peso. “La energía de un ultrasonido microfocalizado, por ejemplo, también puede afectar a la grasa situada bajo la dermis, en función de la profundidad y la energía utilizadas. En un momento en que la pérdida de volumen ya se está acelerando, hacer que las bolsas de grasa se encojan aún más puede ser contraproducente.”, explica Gabriela Capareli.
¿Y cuando ya has perdido peso?
Cuando la persona ya ha sido tratada con plumas de semaglutida o tirzepatida y su cara ha perdido mucho peso, el enfoque es un poco diferente. “Los procedimientos recomendados son los mismos, pero como la cara ya está delgada y demacrada, lo habitual es utilizar mayores cantidades tanto de bioestimulantes como de rellenos, ya que la necesidad de recuperar volumen es grande”, dice el dermatólogo. El coste, por supuesto, también aumenta cuando las intervenciones deben ser más extensas.
En este tipo de casos, el antes y el después del paciente muestran cambios más drásticos, por más refinado que sea el trabajo del profesional que lo acompaña. Esta es una de las principales razones por las que se recomienda que el seguimiento tenga lugar desde el inicio del proceso de pérdida de peso - para que las interferencias estéticas sean prácticamente invisibles y más naturales.
Lo que no hay que olvidar
Un punto que no está relacionado con los procedimientos estéticos, pero que tiene una relación total con una pérdida de peso más o menos saludable -y con una pérdida de peso menor o mayor- es el cuidado de la dieta. “La pérdida de apetito que provocan las plumas es tan grande que muchos pacientes no sólo reducen la cantidad de comida que ingieren, sino también su calidad. Empiezan a picar y no notan la falta de nutrientes provocada por esta dieta mal organizada”, advierte Gabriela Capareli. Mantener un nivel adecuado de ingesta de proteínas es especialmente importante durante el tratamiento, advierte la especialista. Este nutriente es esencial para el mantenimiento tanto de los músculos como de la estructura de la piel y su carencia repercutirá negativamente en el conjunto del organismo, belleza del rostro incluida.
