El término antienvejecimiento va perdiendo terreno en el mundo de la belleza y el bienestar. Ha sido sustituido por los términos proaging y slow aging, que señalan un cambio de concepto a la hora de abordar y tratar los signos del envejecimiento.
En lugar de intervenir drásticamente en el aspecto, tratando de invertir bruscamente la pérdida de volumen, las arrugas, el efecto fundente del rostro, la nueva estrategia pasa por dos pilares fundamentales. El primero es reforzar la prevención empezando a cuidar el rostro antes de que los signos sean demasiado pronunciados. El segundo es mejorar el aspecto de forma suave, añadiendo terapias y ofreciendo resultados de forma sutil y progresiva. La imagen gana frescura y juventud, pero los tratamientos realizados son prácticamente indetectables.
Prevención: el primer pilar de Slow Aging
Para ralentizar el proceso de envejecimiento es necesario actuar en varios frentes. El cambio empieza por reevaluar y ajustar los hábitos de vida, y los profesionales sanitarios pueden colaborar con sus pacientes apoyándoles en este momento de transformación.
Una dieta equilibrada garantiza que la piel y los tejidos que contribuyen a anclarla -músculos, grasa, huesos- reciban una nutrición adecuada, con las vitaminas, proteínas y lípidos que necesitan para funcionar correctamente y mantener su calidad. La suplementación, cuando se lleva a cabo bajo la supervisión de un especialista, puede ayudar a reponer nutrientes cuando sea necesario. Adoptar un menú saludable y tener conciencia nutricional son actitudes que aportan beneficios incluso cuando se adoptan tarde en la vida: una persona de 50 años que cuida su alimentación llegará a los 60, 70 y 80 de mejor manera que alguien que no lo hace.
Es esencial prestar atención a la calidad del sueño y establecer rituales para pasar una noche tranquila. Dejar a un lado las pantallas, evitar las bebidas estimulantes por la noche, hacer del dormitorio un entorno tranquilo y confortable (sin ruidos, sin televisión, sin luces brillantes) ayudan a que el sueño llegue y el cuerpo descanse... y la piel se repare mientras tanto.
No abusar del alcohol y dejar de fumar son actitudes esenciales para quien quiera envejecer bien, sano y con buen aspecto.
En lo que respecta específicamente a la piel, la protección solar es imprescindible. Y también es esencial una atención dermatológica continuada, que identifique problemas específicos y ayude a mantener la buena calidad del tejido. Si la piel está sana, hidratada y elástica, responderá mejor a cualquier tipo de tratamiento en la clínica, y ello en todas las épocas de la vida.
Regeneración e intervenciones bien planificadas: los secretos de la frescura.
¿Y cómo encajan los tratamientos estéticos en el movimiento Slow Aging? De un modo muy estratégico, trabajando de forma continuada en varias dimensiones del rostro.
Los bioestimuladores de colágeno constituyen el núcleo de este tipo de enfoque. Al promover una respuesta del propio organismo -la piel empieza a producir más colágeno gracias a la estimulación de la hidroxiapatita cálcica o el ácido poli-L-láctico (PLLA)-, estos inyectables aportan una mejora gradual de aspecto natural. Las sesiones periódicas (con intervalos de uno a dos años entre cada una, en función de las necesidades de cada persona) garantizan resultados duraderos en términos de densidad, resistencia y luminosidad de la piel.
Inyectables elegidos con precisión, con una formulación específica para cada zona del rostro, y aplicados de forma personalizada, respetando las características y necesidades de cada paciente, ayudan a mantener el volumen y el contorno del rostro de forma natural y elegante.
Por último, las tecnologías de vanguardia pueden utilizarse como complemento. Actúan sobre la piel tanto superficialmente como en profundidad, llegando al sistema muscular que la sostiene (el SMAS). Aquí se incluyen el láser, la radiofrecuencia y los ultrasonidos; estos últimos son especialmente interesantes porque no requieren tiempo de inactividad y ofrecen resultados significativos respetando las facciones de los pacientes.
En materia de tratamientos estéticos, la última propuesta es combinar técnicas, productos y aparatología para construir -por etapas, de forma personalizada y manteniendo la continuidad- un aspecto juvenil. Y al hacerlo, lograr un resultado que puede definirse con la ayuda de otro término que también está en alza: estamos en tiempos de belleza tranquila, una belleza que se construye con discreción y pericia. Una belleza que los profanos reconocerán como fresca y descansada, y que sólo los profesionales entenderán cómo se ha conseguido.

