En los últimos años, el uso de terapias regenerativas -en medicina en general, en dermatología y en estética en general- se ha hecho cada vez más común. El objetivo de estas técnicas es reparar células y tejidos.
“De forma muy simplificada, podemos decir que el objetivo de las terapias regenerativas es hacer que una célula envejecida vuelva a funcionar como si fuera nueva”, explica la dermatóloga Gabriela Capareli, miembro de la Sociedad Brasileña de Dermatología y de la Sociedad Brasileña de Cirugía Dermatológica. Para alcanzar este objetivo, se suelen utilizar sustancias que estimulan el proceso de autorregeneración celular. Algunas son de origen autólogo, producidas a partir del propio organismo; otras son variaciones procesadas en laboratorio.
Cuando el propio cuerpo es la fuente de reparación
Tres de las sustancias más utilizadas en las terapias regenerativas son el PRP, los exosomas autólogos y las células madre. El PRP, o plasma rico en plaquetas, se produce a partir de la sangre del paciente. Al ser rico en factores de crecimiento, este fluido tiene el poder de estimular la proliferación celular, la reparación de los tejidos y la producción de colágeno.

Los exosomas autólogos también proceden de la sangre del propio paciente. Estas microvesículas, presentes de forma natural en nuestro organismo, se encargan de la señalización entre las células, es decir, envían las órdenes para que funcionen eficazmente. La idea que subyace a la utilización de exosomas es, una vez más, mejorar el rendimiento celular y, con ello, la calidad de la piel. Las células madre, por su parte, se obtienen del tejido adiposo. Ahora se sabe que la grasa humana es un rico reservorio de este activo biológico.
Las células madre, por su parte, se obtienen del tejido adiposo. Ahora se sabe que la grasa humana es un rico reservorio de este activo biológico.
La centrifugación o la ultracentrifugación son los métodos más utilizados para obtener PRP y exosomas autólogos. Las células madre, por su parte, proceden de la grasa extraída por aspiración de zonas donde se acumula grasa (el abdomen, por ejemplo). Tras ser aspirado, el material se centrifuga (para que haya una mayor concentración de células madre) y se reinyecta inmediatamente. Todos estos procedimientos deben realizarse con la ayuda de equipos específicos y siguiendo las precauciones sanitarias necesarias.

PDRN y exosomas vegetales
Además de los principios activos procedentes del propio cuerpo del paciente, otras dos sustancias han ido ganando protagonismo entre las terapias regenerativas: los PDRN y los exosomas vegetales.
El PDRN, extraído de fragmentos de ADN presentes en el esperma de salmón, actúa como antiinflamatorio y estimulante de la síntesis de colágeno. Gracias a estas propiedades, ha aportado grandes resultados en la regeneración de la piel.
Los exosomas vegetales, por su parte, tienen beneficios similares a los de los exosomas autólogos. Sin embargo, como su nombre indica, proceden de plantas, principalmente de la rosa damascena.
Cómo se utiliza en la oficina
En Brasil, sólo está regulada la aplicación cosmética de la mayoría de las terapias regenerativas. Esto significa que sólo están autorizadas para uso tópico. Los tratamientos asociados a microneedling u otros tipos de microperforaciones (realizadas con láser o electroporación, por ejemplo), así como su uso en forma inyectable, aún se consideran en gran medida experimentales. Esto es especialmente cierto en el caso de las de origen no autólogo. La aprobación de Anvisa, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, aún está en estudio para muchos de ellos. Fuera de Brasil, las directrices son las mismas en la mayoría de los países: aplicar siempre por vía tópica.
Hay indicios de que las terapias regenerativas podrían tener efectos aún mejores cuando se aplican más profundamente, mediante microperforaciones o inyecciones. Sin embargo, el consenso actual es que se necesitan más estudios científicos para probar los resultados que algunos profesionales han observado al inyectarse estos principios activos por iniciativa propia. Al fin y al cabo, las terapias regenerativas aún están en pañales y todavía no se han analizado a fondo todos sus beneficios y riesgos.